“Adieu, monsieur”, había dicho, “por favor, vuelva pronto”. Podía recordar haber dicho. Le dolió mucho decirlo y le dolió aún más verlo irse. Sintió como si algo vital y necesario la hubiera abandonado y se hubiera ido con el extraño. Mientras lo veía irse reflexionaba sobre los sentimientos extraños nuevos que había en su interior, se dio la vuelta para descubrir que uno de los de su grupo se había quedado atrás. La apariencia desolada del hombre le quitó todos los sentimientos extraños en un instante. El hombre parecía atormentado. Esa era la única palabra que encajaba. No solo llevaba una carga pesada, esa carga lo abrumaba y le quitaba toda la vitalidad. Era un hombre miserable, un hombre afligido, un hombre tan agobiado por su carga que tenía poco más por lo que vivir. No sabía qué lo

