El agua del lago era helada y la oscuridad cada vez mas intensa conforme bajaban más hacia su centro. Las “bolsas”, como las habían llamado Raff y Ady, al momento del contacto del agua se inflaron igual que burbujas de jabón, dando suficiente espacio para mover la cabeza y poder respirar. Los guardias que los escoltaban en la superficie no habían sido muy resaltantes de ver, en cambio, ahora bajo la fría agua y la inmensa oscuridad, se podía ver el brillo verdoso de su piel como si fueran fantasmas. Algunos tenían detalles de líneas o escamas doradas que brillaban como estrellas. E incluso manchas violáceas o azules que les daban un aire místico y sacado de ese mundo. Ady creía que ahí abajo todo era oscuro, puesto que no lograba ver más allá que algas, un poco de basura de seguro algunos

