Alejandro marcó la dirección en el informe de la persona desaparecida en su GPS y esperó a que le diera las direcciones. —Podría haber hecho eso, ¿sabes?— dijo Valeria desde el asiento del pasajero— Soy bastante capaz cuando se trata de computadoras —Lo recordaré la próxima vez— sonrió, dándole un beso en la mejilla. —Todavía estamos en el trabajo— le recordó ella, aunque no sonaba muy molesta y él pensó que vio que sus mejillas se sonrojaban. —¿También hay reglas para los autos?— se quejó, tirando de su cinturón de seguridad y arrancando el coche mientras el GPS mostraba el primer conjunto de direcciones. —Bueno, todavía estamos en tiempo de trabajo. Ya sea que estemos en el automóvil, el laboratorio o en el edificio Hoover, todavía nos pagan por trabajar. Después de todo, no me besa

