CAPÍTULO XIV Lynke se quedó petrificado mirando a Victoria y al desconocido. Sintió que una repentina oscuridad descendía para envolverlo, mientras su mundo se hundía en un abismo sin fondo que, hasta ese momento, no sabía siquiera que existía. Vio en un abrir y cerrar de ojos, como un hombre que se ahoga ve desfilar ante él su vida entera, que lo único de importancia en toda su existencia había sido su amor por Victoria. El amor que sentía por ella era, en realidad, de tal modo arrasador, que las emociones y pasiones que había sentido en el pasado se perdían en su correcta perspectiva. Conoció el dolor intenso, la soledad abrumadora de un hombre que ha entregado el corazón a una mujer sólo para descubrir que ella no lo quiere. Nada que había experimentado hasta entonces podía comparar

