—¡Leo, date prisa! —Elisa gritó mientras intentaba llamar a la maestra de grado de Oliver. Habían salido corriendo de la casa de inmediato para ver cómo estaba Oliver. —Papa dijo que ya había enviado a Albert el chófer a la escuela. Estoy seguro de que llegarán a tiempo —Leo dijo mientras pisaba el acelerador. —¡Mierda! —Elisa maldijo cuando la llamada terminó sin que nadie respondiera. Su corazón latía con fuerza en su pecho al pensar que algo le pasaría a Oliver, su pequeño bebé. El auto pronto se detuvo y Elisa miró a Leonardo- —¿En serio? Leonardo señaló hacia delante con la barbilla. —Hay tráfico. Elisa miró hacia adelante y descubrió que en efecto era cierto. Desafortunadamente, estaban atrapados en el tráfico y estaban en medio de una carretera sin forma de regresar. El ter

