Segundos Puestos

1242 Palabras

Varias horas más tarde, cuando me levanté, golpeé la puerta de mi propio cuarto. Desde adentro me llegó un cortante: “¿Qué querés?” ―Soy yo, Mateo. ―Ya sé. ¿Quién más querría hablar conmigo? Abrí la puerta. Jessica estaba sentada en mi cama, completamente desnuda, mirando la pantalla de su celular. Me da rabia admitirlo, pero estaba preciosa. Su suave piel parecía resplandecer con la luz que entraba por las rendijas de la persiana. ―Quiero que me devuelvas mi dormitorio ―dije, intentando sonar convincente. ―No tengo otro lugar para dormir ―dijo, sin levantar la mirada del teléfono―. En esta casa todos me odian. ―Será por tu encantadora personalidad… o por tu desinteresada amabilidad. Me fulminó con la mirada. Si ella realmente fuera una bruja, yo me hubiera prendido fuego… o hubiera

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