Operación Amelia

1748 Palabras

―¿Mateo?... ¿Mateo? Una voz dulce me llamó en la oscuridad. La seguí, tenía que tratarse de una ninfa. Ya podía sentir el roce de sus suaves dedos en mi m*****o. ―Mateo… ―repetía mi nombre sin cesar. Ya podía verla, hermosa y desnuda frente a mí. La mujer más preciosa que puedan imaginar… solo para mí, esperándome con una cálida sonrisa y las piernas abiertas… fui hacia ella. ―¿Mateo? Mi pene erecto estaba listo para entrar a un mundo de placer. Me tendí sobre ella y… ―Despertate, pendejo! ―¡Ay, la concha de la lora! Sentí que me ahogaba en agua fría, salté y di manotazos, intenté nadar hacia la costa… y me caí de la cama, de cara al suelo. El golpe fue seco y despertó la carcajada de una bruja, una harpía que se burlaba de mí. ―¡Qué pelotudo que sos! ―Volvió a reírse de mí. ―¿Mi

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