Bajaron los tres y la monja se escondía detrás el cuerpo de Mateo hasta llegar a la puerta. Eugenia estaba contra la ventana mirando hacia afuera. La monja cuidó que Eugenia no estuviera mirándola y salió dando dos pasitos cortos, cuando estuvo en la calle se sacó la gorra y los anteojos. Por instinto, miró hacia atrás y pudo ver que, por la ventana, Eugenia, la madre de Sofía, estaba mirándola con cara de sorpresa total. El contacto visual fue total y Mariángeles creyó morirse cuando tomó conciencia de que una madre de una alumna la había presenciado teniendo sexo, a ella UNA MONJA, con el novio de su hija en la cama que era de su propiedad. Todo junto era una locura. Ahora solo restaba encomendarse a Dios y rogar que la madre de Sofía no dijera nada. Eugenia los encaró a los jóvenes y

