Las palabras que acababa de decir dejaron el ambiente completamente tenso. —¿Alguien que te respeta? —repitió Jhon con una sonrisa amarga. Lo miré fijamente. —Sí, alguien que me respeta. Por un instante ninguno habló. El silencio entre nosotros parecía cargado de años de dolor acumulado. Jhon apretó la mandíbula. —¿Quién es? —No es asunto tuyo. —Claro que lo es —respondió con tono duro—. Sigues siendo mi esposa. Sentí cómo la rabia comenzaba a hervir dentro de mí. —Eso solo te importa cuando te conviene. —Michell… —No, Jhon. No empieces ahora con ese tono. Durante meses metiste a tu amante en nuestra casa, en nuestra empresa, en nuestras vidas… y ahora vienes a reclamarme. Sus ojos brillaron con una mezcla de enojo y frustración. —Katy me dijo que ese hombre te besó. No resp

