Bastián no podía creer su suerte, de todos los hombres que pudieron entrar a la casa de Franco de todos tenía que ser su padre, el hombre no era feliz, podía verlo claramente en el semblante serio de su rostro, mientras los observaba, Franco estaba tan quieto casi como una estatua sentado a su lado, el mismo tenía pocas ganas incluso de respirar, no podía decir nada en su defensa, no cuando su padre lo había encontrado entre los brazos de Franco, cielos, estaba desnudo con Franco posiblemente enterrado aun en su cuerpo ya ni recordaba. —¿Y bien alguno de los dos se dignara a darme una explicación? —Marcelo los observó, aun no podía creer que su hijo fuese gay y sobre todo que su pareja de juegos fuera precisamente Franco, el hombre que suponía debía hacer cargo de su seguridad. —Marcelo,

