Suspiré pasando las manos por el cabello mientras sopesaba cómo debía enamorar a aquella mujer. Dentro de mi cabeza toda clase de posibilidades surgían sin darme tiempo de procesarlas una a una. Sabía que era una persona ambiciosa, por lo que persuadirla con costosos regalos no supondría el mayor esfuerzo para un hombre con tanta fortuna como yo. Sin embargo, debía ser cuidadoso: por mucho que supiera que ella deseaba ser deslumbrada por el lujo, podría encontrarme con que sus padres consideraran ofensivos esos obsequios, como si estuviera comprando su afecto. Me puse de pie y golpeé con fuerza el sillón hasta que los dedos me dolieron levemente. —Maldita sea —maldije al sentir una corriente de dolor recorrerme la mano. Me hice a un lado cuando un golpe seco me tomó desprevenido; un pequ

