Capítulo 4

4016 Palabras
Flashback de Elizabeth La sangre me quema por todo el cuerpo comienzo a sentir que tiemblo y he decidido encadenarme ambas manos a la pared con los grilletes que habían ahí ya que más de la mitad del castillo estaba destrozado. – No te acerques – Amelia trataba de acercarse, pero si lo que él dijo es cierto entonces yo... Dentro de unos minutos... La transformación será completa, siento que me vuelvo más fuerte que tiro de los grilletes y siento el polvo caer sobre mis hombros. – Tu eres fuerte Elizabeth él dijo que tú eras quien decidía si tenía el control o no, ¡lucha! – escucho como me grita pero su voz se siente tan lejana – ¡Hazlo por mí! – escucho su voz ya cansada y escucho como chocan sus cuchillos, escucho como el filo de ellos traspasa la piel de aquellos vanseirent que la estaban atacando, de repente el silencio se hizo presente, abro los ojos, solo esta ella mirándome con una sonrisa o al menos es en ella en quien me fijo pues sé que hay demasiados cuerpos de vanseirent a sus pies, hasta que llega el y se pone detrás de ella , vuelvo a jalar los grilletes y el polvo vuelve a caer sobre mí, él la tiene inmóvil, solo siento la furia quemando mis venas, hay un vanseirent detrás de él encadenado al igual que yo, grito su maldito nombre a todo pulmón. – ¡¡¡Benedict!!! – él sonríe de medio lado mostrando sus dientes blancos, toma el cuello de Amelia corriéndole el cabello y se lo acerca a la boca de él vainserent es demasiado tarde cuando grito – ¡¡¡NOO!!! – cierro los ojos y siento como la sangre me quema respiró profundo y mis colmillos crecen más, mi respiración es más agitada, al momento de abrir los ojos he roto los grilletes y siento como mi velocidad a aumentado, llego hasta ellos, tomo uno de los cuchillos de Amelia y lo clavo en la frente del vainserent, una vez muerto empujo a Benedict y sostengo a Amelia en mis brazos, ella mira mis ojos y estira su mano acariciando mi mejilla susurrando. – Vuelve conmigo – levanto la vista topándome con un pedazo de vidrio de las ventanas rotas y noto mi reflejo, mis ojos están de color n***o totalmente, no tengo pupila, justo como los ojos de los vanseirent, bajo la mirada de nuevo a Amelia y ella sonríe diciéndome – Volviste – siento una leve caricia y cierro los ojos para sentir plenamente la caricia que me regala. Ahora... Se escuchan pasos por las escaleras, más bien suena como una carrera, la puerta de la azotea se abre y ahí esta Ariana mirando apenas a Elizabeth por la fuerte lluvia que caía. – ¿Por qué te conozco? – Elizabeth al escuchar su voz se sorprende pero su dolor aumenta y no sabe si se podrá controlar – Vete – alcanza a decir mientras se toma la cabeza, la puerta se vuelve a abrir. – ¡Elizabeth! – Grita su Francis, pero en esos momentos ella no consideraba nada ni siquiera a su madre – Largo de aquí Francis – Francis se quedó tan sorprendida por como la había llamado su hija, solo lo hacía cuando se transformaba en una especie de vanseirent pero más veloz y con solo unos objetivos destruir todo a su paso solo para conseguir su venganza, Francis tomo a la joven rubia por los hombros y la mete dentro de la escuela nuevamente, cerrando la puerta, ni siquiera ella podía controlarla en ese estado. – Tienes que irte – Ariana estaba sorprendida pero por alguna razón no quería irse ese sueño que tuvo ahora que lo recordaba parecía más bien un recuerdo. – No me iré a ningún lado – Francis comenzaba a pensar en cómo calmar a su hija y cómo hacer que la chica que tenía enfrente se fuera – A la presidenta le gusta la música ¿no? – Francis estaba sorprendida por la pregunta más bien parecía desconcertada, aquella chica había escuchado el casi imperceptible murmullo que le dijo a Elizabeth, y para ser francos ella estaba viendo a la mismísima Amelia no se lo podía creer ella había visto como murió en los brazos de Elizabeth, ella estuvo ese día, vio a su hija sufrir y llorar ese día como nunca lo había hecho pero al día siguiente nunca lloro, en todos estos años ella no había vuelto a derramar ni una sola lágrima frente a alguien más. – Si, le gusta mucho ¿por qué? – Amelia corrió deprisa hacia la sala de música, tomo un teclado que había ahí y subió de nuevo sin abrir la puerta y un poco agitada miro a Francis y le dijo – Abra la puerta – lo dijo tan segura que Francis solo se le quedo mirando y le dijo. – No la podrás calmar, ella no está en un buen momento – Ariana solo contesto. – Ya sé, confíe en mi yo sé lo que hago – Francis seguía sin moverse y contesto. – Esta bien, pero si no se calma en unos segundos cierro la puerta de nuevo – puso el teclado en el suelo y asintió con la cabeza indicándole a Francis que abriera la puerta, ella así lo hizo y una melodía comenzó a sonar de aquel teclado, Francis reconoció la canción de inmediato, pero eso era imposible solo la había Elizabeth y ella, pues esa melodía era la que ella compuso para las noches en que Elizabeth no podía dormir, pero se la llego a enseñar a Amelia cuando de vez en cuando Amelia no podía dormir y vagaba por el castillo, todavía recordaba cómo se la enseño, Francis estaba en shock pero al mirar en dirección hacía Elizabeth pudo observar como esta se destensaba, podía escuchar como su corazón se calmaba poco a poco, eso era muy poco probable, lo había leído una vez en uno de los libros de la inmensa biblioteca que tenía su familia pero nunca había sabido si realmente era cierto y en esos momento ella lo acababa de confirmar, los escritos nunca mintieron. Flashback de Francis... Unos pasos se escuchaban por el pasillo de la inmensa sala de estar y una joven se asomó por la puerta. – H-Hola – era Amelia un poco tímida, sonríe bajando el libro que estaba leyendo y colocándolo en la mesita que tenía a lado. – ¿Amelia que haces despierta estas horas de la noche? - con una sonrisa tímida ella dijo – No podía dormir y Elizabeth está entrenando con su tío, el ataque a mi hogar aún no me deja tranquila y sé que han pasado 2 meses desde que duermo aquí, pero aún no me acostumbro – sonríe ante sus palabras, esa niña era tan dulce, me recordaba a Elizabeth cuando era más pequeña, desde que Elizabeth me había contado sobre ella, sabía que era una chica inocente y dulce, pero estaba más segura aún de que no lastimaría a mi hija. – Ven – le indique que se acercara y me levanté del sillón para luego caminar hacia el piano que teníamos ahí – Ven siéntate a mi lado – le indique, al estar sentadas ambas, comencé a tocar la canción que le tocaba a Elizabeth cuando ella estaba más pequeña y no podía dormir, recuerdo que se la compuse especialmente para ella unas noches después del ataque que tuvimos en su habitación, la melodía fluía del piano, y cerrando los ojos seguí tocando hasta el clímax de la canción, abrí los ojos lentamente y podía sentir como Amelia se encontraba más tranquila me miraba con una sonrisa en sus labios. – Muchas gracias, ahora me siento mejor – en ese momento una joven con su típica camisa negra de época especialmente hechas para ella y un pantalón de vestir entraba con los cabellos mojados y una sonrisa de lleno en el rostro. – Hola madre, Amelia – hizo una pequeña reverencia – Mi entrenamiento ha terminado y veo que aún no duermes – miraba a Amelia con una ligera sonrisa, se acercó y me abrazo por los hombros y beso mi mejilla – Gracias por cuidar de ella madre, la llevare a dormir – ella sonreía tan feliz y toma la mano de Amelia y antes de irse dijo. – Me gustaría que me enseñara esa canción para algún día tocársela a Elizabeth – sonrió de manera tan dulce, comenzaba a considerarla como una segunda hija. – Claro, mañana mismo hemos de comenzar siempre y cuando estés de acuerdo – le dije con amabilidad y sonreí – Hasta mañana descansen – sonreí y volví al sillón continuando mi lectura. El tiempo pasaba y nos encariñábamos más yo ya era como su madre, ella ya era una cazadora al igual que Elizabeth, pero su nivel era mucho más bajo por la velocidad y la fuerza física pero ella nunca se rendía e insistía que permanecería humana hasta el resto de sus días. Fin del Flashback Y así fue precipitando su muerte unos meses después debido a la batalla que se libró entre los vanseirent y los vancoien en el castillo que solía ser nuestro hogar, comenzada por los celos y amor no correspondido de Elizabeth hacía Benedict, la persona que tanto odia mi querida hija y de la quien ha buscado venganza por casi 206 años, pareciera mentira que en algún momento fueron mejores amigos. Elizabeth... Podía sentir como mis colmillos comenzaban a crecer, mi control estaba yéndose quizá ya sea tiempo de aprender a controlar el estado híbrido en el que entro, pero eso lo veré después en estos momentos lo único que quiero es matarlo a él, me he levantado y golpeado lo primero que me encontré que para desgracia de mi tío era el querido generador de energía, eso no me importa, ahora que mi madre y la otra chica están a salvo puedo descargar mi furia pero cuando voy a golpear el generador nuevamente un sonido totalmente familiar llega a mis oídos y volteo rápidamente para mirar a Ariana tocando la canción que mi madre me enseñó a mí y a Amelia, esto no es posible, mi respiración se va normalizando de a poco y puedo sentir como mis músculos se están destensando, ella se parece tanto a Amelia, pero no lo es, Amelia murió en mis brazos, puedo ser capaz de sentir mis ojos volver a su color azul pero como siempre después de usar este estado estoy muy agotada a pesar de mi regeneración rápida son más las emociones humanas las que me hacen que la vista se me ponga negra, como última imagen en mi memoria, diviso a Ariana tocando de rodillas a unos dos metros de la puerta llegando al clímax de la canción mirándome con lo que parecía ser preocupación y mi madre mirándome desde un lado de la puerta, esto es más bien un reflejo visual pues solo recuerdo la imagen clara de Ariana. Horas más tarde... Me siento un poco cansada, los párpados me pesan pero logro abrirlos y empiezo a observar mi alrededor, me encuentro en mi habitación, pero puedo sentir un peso del lado derecho de mi cama, volteo para mirar que es ese peso y me topo con cabellos rubios esparcidos por gran parte de ese lado de la cama una mano sobresale y la estiro para tomarla y la acaricio lentamente, la portadora de aquellos cabellos parece reaccionar y se comienza a despertar lentamente, yo al sentir que se mueve enseguida retiro mi mano de la suya, es Ariana me observa con una sonrisa que correspondo sin poder evitarlo, pero reacciono, ella no puede tener contacto conmigo, no puede y punto, mi seriedad regresa y ella lo nota. – Fuera de aquí – digo en tono neutral como el que suelo usar con las personas que no conozco – No quiero verte cerca de mí nunca más – le digo manteniendo el mismo tono y ahora me siento del lado de izquierdo de la cama, puedo escuchar como su corazón y su respiración se comienzan a acelerar, me levanto y me dirijo al baño de mi habitación antes de entrar le insisto – Deberías irte de una vez si no quieres que te obligue – entro y cierro la puerta escucho el silencioso llanto que comienza a salir de sus labios, ella se levanta y sale de mi habitación, cierro los ojos y suspiro, espero algún día llegues a perdonarme Ariana pero el hecho de que te parezcas tanto a ella no me permite estar cerca de ti, porque si el alma que llevas es el de Amelia se lo que pasara y aunque yo desee que eso pase, la consecuencia más grande es que tú también puedas perder la vida y eso no lo voy a permitir, te mantendré tan alejada de mi como pueda, sólo así estarás a salvo Ariana. Ariana... Salgo de la habitación llorando, no sé porque me ha dolido tanto que me echara además la profesora de música dejo que me quedara después de que yo le suplicará, después de que ella se desmayara quise correr hacia ella para que no se golpeara la cabeza, pero no llegaba, y en algún momento la profesora que resulta ser la tía de la presidente estudiantil, llego mucho antes de que yo lo hiciera y pudo sostenerla antes de que ella se lastimara, ella fue quien me dejo quedarme, me advirtió sobre la negativa que Elizabeth daría a mi presencia pero no quise escuchar y ahora me duele que ella lo hiciera, en algún lugar de mi esperaba que no fuera así, pero la pregunta es ¿por qué siento que mi alma se desgarra, que mi corazón se rompe, que la garganta me quema por las lágrimas y que el aire apenas llega a mis pulmones? ¿Qué es este nuevo sentimiento? ¿Por qué siento que ese sueño fue más bien un recuerdo? Y el comportamiento de Elizabeth ante que yo le llamará Princesa Elizabeth solo me hace tener más esa maldita duda, lloro por su rechazo, por frustración de no saber la verdad, por no entender lo que siento con respecto a ella, por la desesperación de no saber porque me odia y el que a mí me desespere el no saber qué hacer para agradarle, el no poder entender porque quiero agradarle, solo puedo llorar apoyando la frente en la puerta de su habitación hasta que escucho unos pasos, rápidamente me despego de la puerta y limpio las lágrimas para luego volverme hacia la persona que se me acerca, cual es mi sorpresa al ver a la profesora Francis. Francis... Ya sabía que pasaría esto pero, Ariana esta llorado con la frente pegada a la puerta de Elizabeth, creo que ha escuchado mis pasos acercándose a ella porque se despega de la puerta y se seca sus lágrimas lo más rápido que puede, me conmueve, tengo que decirle la verdad ella tiene derecho a saber acerca de su alma así que me acerco a ella y la abrazo, al principio ella se sorprende pero corresponde a mi abrazo y llora con más intensidad, sus sollozos se escuchan por todo el pasillo, unos minutos más tarde ella se logra calmar y con mucha pena y un tierno sonrojo me dice. – ¿Pu-puede decirme por qué he soñado con ella? – Asiento con una sonrisa amable y le respondo. – Sígueme por favor, te daré todas las respuestas a tus preguntas – comienzo a caminar hacía el pequeño salón donde se encuentran dos sillones, uno individual y uno suficientemente grande como para 4 personas, hay una pared llena de libros. – He de mencionar que están aquí porque la gran biblioteca que tenemos está completamente llena – le digo al ver que observo la pared, un piano se encuentra en la esquina derecha y un gran ventanal en el que se puede observar los grandes jardines de nuestro hogar, le indico que pasé y así lo hace, ella se sienta en el sillón grande mientras que yo en el individual, una vez las dos acomodadas la miro a los ojos y le preguntó lo que me llevara a decidir si contarle o no la verdad acerca de su alma – Dime pequeña, ¿estas dispuesta a renunciar a la vida que tienes, para resolver las dudas que tienes? – la observo unos minutos, su expresión es clara, está en shock por la pregunta que le he formulado y ella tartamudea al momento de responder. – A-a que... ¿A qué se refiere con eso? – yo la miro intensamente y respondo. – Me refiero a que todo lo que conoces cambiara, conocerás cosas que el mundo desconoce, pondrás en riesgo tu vida y las de tus seres queridos, ¿aceptarías ese precio solo por conocer las respuestas a tus preguntas? ¿Estas dispuesta? – ella me mira sorprendida y parece pensarlo, ella baja la mirada y se muerde sus labios conozco su respuesta y ella se la niega, no por ella si no por su familia y sus amigos, ella finalmente después de pensárselo unos minutos acepta y me mira con seriedad a los ojos, esa seguridad que me recuerda a la chica que llegue a querer como una hija, Amelia, asiente con la cabeza – Bien, por favor recuéstate en el sillón – ella hace lo ordenado sin perder su seguridad, sonrío y camino hacia el piano – Ahora cierra los ojos y solo escucha lo que yo te diré y déjate llevar por el sonido del piano – comienzo a tocar lentamente el piano para luego decir – Tu y ella se conocieron hace 206 años, más bien, el alma que posees la conoció, no de un buen modo, fue por eso que al primer instante la odiaste – mi voz sonaba neutra tratando de no expresar algún sentimiento. Flashback de Ariana.... Corría por el bosque no muy lejos de mi hogar, la razón, simple huir de los lobos, ya hace bastante que los había perdido, pero seguía corriendo por pura precaución, es que acaso la mañana siempre era mala, mientras corría pude divisar un lindo ciervo a lo lejos pero seguí corriendo, el ciervo huyo pero al parecer yo caí en una trampa que supongo era para él, solo puedo maldecir hasta que una risa llama mi atención, supongo de la persona que puso la trampa, pero que clase de persona se burla de alguien que por accidente cayo en su trampa y además la hace esperar para bajarla de ella, de los arbustos sale una joven a la cual miro enojada pues básicamente se ha burlado de mí y me ha hecho esperar hasta que se le calmase su estúpida risa. – ¿Quién eres y que hacia escondida? – logro distinguir como una sonrisa asoma por su labios. – Yo soy Elizabeth princesa de este pueblo señorita... – estoy asombrada por dos cosas, su manera tan altanera de responder y que sea la princesa, solo noto su ceja levantada como preguntándome cual es mi nombre para terminar de hablar, de mis labios solo sale un débil. – Amelia... – aún sin salir de mi estado ella sonríe para luego hablar. – Y acabas de quitarme mi comida – me mira con tanta seriedad que estoy comenzando a asustarme – Así que tendré que comerte a ti – suelta como si fuera lo más natural del mundo y eso termina por asustarme y mi mirada lo expresa por completo – ¿Aceptas? – me dice con una sonrisa malévola y yo sigo teniendo miedo reflejado ya no solo en mis ojos si no en todo el rostro y ella solo me observa por un momento para luego comenzar a reír de nuevo, saca al parecer es un cuchillo parece más bien un puñal, ella corta la soga y en nada me está sosteniendo en sus brazos, me la quedo mirando a los ojos, son hermosos, son azules, un azul profundo oscuro y claro a la vez, ella me mira de la misma forma, mi respiración comienza a agitarse, al igual que los latidos de mi corazón, noto como se acerca cada vez más a mí, pierdo el contacto con su mirada y ahora solo noto su respiración agitada en mi cuello, yo quisiera empujarla, apartarla y decirle que me suelte pero no lo hago, mi cuerpo no responde a lo que mi cerebro le pide y simplemente se queda sin hacer nada, se acerca más y más, ha abierto sus labios pues puedo a sentir su cálido aliento, de la nada se detiene, me abraza por la cintura y escucho como me susurra cerca de mi oreja casi rozándola. – No te muevas si no quieres ser cena de un lobo – me quedo helada al escuchar sus palabras, los lobos me alcanzaron, siento como me empuja y yo caigo al suelo por la fuerza aplicada y observo como un lobo se abalanza sobre ella y me quedo de piedra, en un completo estado de shock al ver que este le está lamiendo la cara y le dice – Ya, ya Alec – observo como le hace cariñitos al lobo hasta lograr sacárselo de encima y el lobo se echa a su lado, yo sigo sin salir de mi estupor hasta que escucho que dice – Anda que no te hará nada y con respecto a comerte estaba bromeando respira por favor – si claro, y yo le voy a creer, primero que nada sonó muy convincente y dos, tiene un lobo de mascota, no logro salir de ese estado catatónico en el que me encuentro, así que al parecer vuelve a hablar pero esta vez riendo tranquilamente – Vamos espero te des cuenta cuando me valla – observo como se levanta y el imponente lobo hace lo mismo – Bueno señorita Amelia fue un placer – me dice de manera tranquila para luego hacer una reverencia tal y como lo haría un caballero – Pero tengo que irme – me dice de manera educada, se endereza y me regala una sonrisa, su sonrisa es hermosa pienso momentáneamente – Hasta pronto – se da la vuelta dándome la espalda y cuando esta apuntó de ir irse no puedo evitar preguntar. – ¿Quién eres? ¿Realmente eres la princesa? – ella sonríe de medio lado para luego contestar. – Soy Elizabeth Anderson señorita Amelia, y si por consiguiente soy la princesa – lo dijo tan penetrante y a la vez tan amable como si se sintiera orgullosa de sus palabras pero no quisiera presumir de quien es, se pone en posición para emprender carrera, le hace una seña al lobo, en un dos por tres ya ha comenzado a correr perdiéndose en la maleza del bosque y lo que no se borra de mi memoria son sus terriblemente hermosos ojos azules , sacudo la cabeza para quitarme esos pensamientos y enojándome al tan solo recordar la pequeña broma, que pareciera que disfrutaba de su pequeño acto de altanería, y aunque sea la misma princesa no tiene ningún derecho de tratarme así. Fin del Flashback Ariana se encontraba tendida en el sofá inconsciente y sumida en una serie de sueños de los cuales eran sus memorias como Amelia, su alma necesitaba recordar, necesitaba recordar el amor que sentía por Elizabeth y así todas sus duda se disiparían, todo cobraría sentido y no haría falta nada por resolver en su memoria. Mientras tanto Elizabeth se encontraba debajo de la regadera, y mientras el agua recorría su cuerpo, su mirada se encontraba perdida hacia un punto fijo, su cuerpo se hallaba ahí pero su mente no, sus memorias la asaltaban. Flashback de Elizabeth... La noche había llegado y yo corría hacia el castillo, mi madre seguramente ya estaría despierta, tengo que contarle sobre Amelia y tal vez invitarla al castillo en el baile para mi cumpleaños.
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