Cuando Isaac despertó, no abrió inmediatamente sus ojos, ya que sentía una extraña pesadez en sus parpados, como si estos estuvieran rehusándose a levantarse. Y mientras los sentidos volvían a él, fue percibiendo el dolor en ciertas zonas de su cuerpo más que en otras. Recordaba a Petra y Henry logrando rozar su cuerpo con aquellos cuchillos hechos de plata, por lo que no le sorprendía mucho que los lugares que más le parecían dolerle, eran precisamente esos. Los estúpidos que seguían el culo de Petra, los tres ancianos restantes, también le habían dado su buena paliza en su forma lobo, lo que se sumaba a los golpes que había recibido mientras peleaba con los dos omegas, y eso explicaba la pesadez que cubría su cuerpo y sus músculos. Aunque el dolor que sentía en su estómago era un poco

