Ymika miraba con total y completo desconcierto a su nuevo empleador, en el pueblo le habían dicho que el señor Alvertens necesitaba trabajadores para la cosecha y fue a ver si conseguía el trabajo. Pero no lograba comprender cómo era que debía cosechar ni que debía cosechar, el hombre que la había recibido al ver su cuerpo delgado la contrato enseguida, según dijo era difícil conseguir trabajadores livianos. En ese momento el señor Alvertens ataba a sus pies unos zapatos unidos a largas y delgadas varillas de metal mientras le decía que no debía tener ningún miedo de caer pues nadie se había roto nunca hada. — Humm... señor Alvertens es para cosechar en este lugar que debemos usar esas... ¿botas? Ymika podía ver a su alrededor varios árboles frutales, ninguno era demasiado alto com

