Volví a mirarla a los ojos. Esto no podía estar pasando, esto no puede estar pasando. ¿Qué demonios voy a hacer? — ¿Adrien? —su voz llegó a mis oídos como si estuviera lejos. —Dime que es una broma —le pedí. — ¿Cómo crees que voy a bromear con algo así? —me dijo y la miré —Por favor, Adrien. Necesito que estés tranquilo. — ¿Cómo es posible, Emery? —dije nervioso —Nos cuidamos, siempre que estuvimos juntos nos cuidamos. —Lo sé, lo sé. Por eso tienes que estar tranquilo... No creo que esté embarazada, es literalmente imposible —dijo no muy convencida. — ¿Y si lo estás? —le pregunté. Ella me miró fijo y entonces sus vidriosos ojos soltaron las lágrimas que habían acumulado. La tomé de la nuca y la acerqué a mí. Ella escondió su rostro en mi pecho. —Tranquila, mi amor, no llores —le s

