Corrí hacia donde se había dirigido el auto, pero ya se había alejado demasiado. — ¡NO! —volví a gritar mientras sentía aquella sensación de impotencia en mi pecho. — ¡Adrien! —me giré a verlos y Paolo y Hannah venían corriendo hacia mí —¿Qué pasó? —Se la llevaron —dijo mientras me daba cuenta de ello. Mis ojos se llenaron de lágrimas. —¿Y Em? —preguntó Hannah. —A Em. —susurré. — ¿Qué? —dijo ella sin poder creerlo. —Tranquilo, Adrien... vamos a encontrarla. Necesitamos llamar a la policía y ¿Por qué se la llevaron? —dijo mi amigo. —Mi padre —dije y lo miré a los ojos. Paolo asintió levemente y estiró la mano para entregarme el celular que había tirado antes de salir corriendo. Lo tomé y sin pensarlo marqué el número de su celular. — ¿Qué pasó, hijo? —me preguntó al atender.

