Kiara se removió en su cama, se llevó las manos a cabeza con un mareo más que la hizo quedarse quieta. No podía hacer más que esperar a que se pasara solo. Luego de varios minutos al fin pudo ponerse de pie. Se dirigió al baño poco espacioso que había en su dormitorio, remojando su cara y conteniendo la arcada que le llegó de repente. Ya tenía una semana con esos malestares y no la dejaban en paz, era difícil trabajar de esa forma, pero debía conseguir dinero para dejar de ser una carga para Santos. Con dos meses en ese sitio tenía mejor adaptación a su vida, ya no despertaba con el terror de sus pesadillas, pero sí con el de estar a punto de botar el contenido de su estómago. Por la mañana se levantó temprano para preparar el desayuno, siguiendo con la comida para Santos, quien agra

