Ruth tenía ese rencor para la chica de complexión delgada que caminó con un saco de basura que arrastró por todo el lugar hasta juntarlos, junto al otro que estaba apilando.
Se limpió la frente y tiró de las ligas de cuero que comenzaron a marcarle las piernas con tanto roce. Bebió un poco de agua y fue por el siguiente. Pero una mano la detuvo de forma abrupta, alzó la mirada viéndose desilusionada al darse cuenta que era Jonas.
Se soltó de él, pero antes de dar un paso, este la arrastró consigo.
__ Estoy trabajando, idiota. Suéltame. - le gritó llamando la atención de todos, pero nadie iba a ayudarla. Ella, en ese sitio, no era nadie. Él, en cambio, era el hermano del hombre que todos temían.
__ Deja de gritar. Pronto volverás a tus labores. - le indicó con ironía. - Sólo quiero que sepas que esta noche será nuestra boda.
__ ¿Nuestra que? - le preguntó arrancando su brazo del agarre que su ex aún ejercía sobre él. - ¿Eres idiota o te haces? Te dije muchas veces, no te quiero cerca, no te quiero ver, menos como mi marido.
__ Bebé, estabas dispuesta a irte conmigo hasta hace unas semanas. - alcanzó a tomarle la mejillas. - Querías huir conmigo, ¿Recuerdas?
__ También recuerdo que cuando mi tío me trajo, tú te escondiste. - le lanzó a la cara. - Confié en tí, Jonas. Pensé que me ayudarías porque siempre juraste que ibas a cuidarme, pero a la primera de cambio, me dejaste tirada, con una deuda que no es mía y aún ahora, me pides como esposa, en lugar de brindarme tu ayuda. - se rió con indignación. - Jonas, estaba enamorada de tí. Estaba dispuesta a recibir una bala por tí, no una de tí.
__ No digas eso, bebé. - quiso besarla. - Tú aún me amas. Aún...
__ No, Jonas. Quiero a alguien que me ayude o acompañe al menos con mis problemas, no que me dé mas. - se alejó de su contacto. - Solo quieres mi atención por lo mismo que antes, porque te gusta ser mas grande ante alguien, ya que aquí no eres eso para nadie.
__ Soy muy importante aquí. Puedo hacer que pagues tu deuda con mayor facilidad. - agregó con un tono casi desesperado por él. Impidiéndole el paso, interrumpiendo su trabajo, pero sobre todo, que en lugar de lograr algo en ella, solo le guardara más rencor por la forma en en la cual pretendía retenerla a su lado.
__ Lástima es lo que das.
Airosa, con la frente en alto pese a estar en un sitio donde nadie la tomaría en cuenta, no dejaría que la tomaran como una opción para desquitar su frustración.
Se dedicó a su trabajo todo el día, no quiso saber nada de nadie, temiendo que la palabra de Jonas si llegara a cumplirse para esa noche.
Quiso hablar con Bastian. Él sabía si era o no verdad, lo malo era que nadie se acercaba a él si no lo disponía. Ni siquiera Marc que era su consejero o Santos.
Se acercó al segundo esa tarde, cuando lo encontró preparando su rifle para partir a algún sitio.
__ Solo necesito hablar con él, por favor. - lo siguió a medida que continuó su camino hasta la humvee oscura que esperaba por ellos.
__ Niña, todos aquí matarían por un minuto con el Don, ¿crees que por necesitarlo, lo tendrás? - se puso el rifle al hombro, bufó cansado y se rascó la ceja antes de verla. - Me caes bien, por eso te diré esto. Pero si sale de tí, te rompo las piernas.
__ Todo el mundo me dice lo mismo. - se acercó cuando el tipo robusto y con barba bien cuidada se lo pidió.
__ El Don estará aquí a media noche, siempre cuando llega se da un tiempo en su salón de creación de armas. - se alejó cuando vio a otros iguales a él aproximarse. - Ahora vete, que por estar tan cerca de tí a quien podrían cortarle las piernas es a mí.
__ Gracias. - le sonrió, eso le sería útil si nadie recordaba su existencia, aunque algo le dijo que no seria así. Santo solo se negó viéndola desparecer cuando buscó la entrada de la cocina.
Él mas que nadie sabía lo injusto que era que ella estuviera en ese sitio, pero no se le fue entrenado para estar defendiendo o sintiendo lástima por nadie, por lo que solo abordó el humvee y partió rumbo a la dirección en donde se encontraba su jefe.
Debían estar listos por el nuevo cargamento de material que ingresaría esa noche en esas coordenadas específicamente.
En tanto en la fortaleza, Kiara vio como dos entraron a su dormitorio para llevarla con ellos, todas bajaron la cabeza ante ellos, mientras la chica pataleó, en su intento de no ir a donde querían.
Luchó cuanto pudo, pero fue inútil cuando la arrastraron por el pasillo que daba al patio trasero. Se llenó de terror, gritó porque alguien los detuviera, sin embargo fue imposible al ser puesta de rodillas frente a un tipo con sotana y una biblia.
Se quiso poner de pie, pero la tiraron de nuevo al suelo. Supo que estaba pasando hasta que vio a Jonas casi inconsciente, borracho y drogado a su lado.
__ Estamos hoy aquí para oficializar el matrimonio de Jonas Blackwood y su esclava. - proclamó.
__ ¿Me están escuchando? Dije que no estoy de acuerdo. - elevó la voz Kiara, pero nadie lo tomó en cuenta siguiendo con el reglamento de solo obedecer las órdenes del novio, quien firmó con rapidez, enterrando la nariz en otra dosis de c0caína que inhaló.
En el lugar de su firma, solo colocaron su nombre y una serie que la identificaba ante todos.
__ Por el poder que me confiere las leyes del clan Blackwood, los antecesores y el parlamento unitario, los declaro marido y mujer. - culminó el tipo cerrando la biblia. - Puedes besar a tu señor, esclava.
__ Jamás. - declaró incorporándose con rapidez.
__ Quédate abajo. - ordenó Jonas. - Aún falta nuestro pacto.
__ El único pacto que pienso hacer es que voy a matarte. - espetó furiosa. Con una palabra torpe, Jonas envió a que la volvieran a poner de rodillas a su lado. - Te juro que te odio. Con todo mi ser, te detesto, Jonas Maurer, porque ni siquiera tu apellido real supe. Nada de tí es real. Todo de tí es un...
__ Cierra la boca, porque por las buenas puedo quererte, pero ahora que eres mi esposa, me perteneces y puedo hacer contigo lo que me apetece. - replicó sacudiendo su nariz. - Así que sella tus labios y escucha tus deberes como esposa.
__ No soy tu esposa. Esto solo es una ceremonia ridícula que de legal no tiene nada. - se puso de pie rápidamente, Jonas demandó que fueran por ella cuando corrió lejos de sus hombres, yendo al frente de la casa para intentar encerrarse en su cabaña, pero al oír que la buscaban entró a la fortaleza.
Entró a la primera puerta que encontró, colocando un bloque de hormigón con rapidez, pegando la espalda a la pared, sin emitir un solo ruido. Se dejó caer en el suelo, cubriendo su cara en sus manos.
Jamás sintió el peso de no valer nada en ese sitio como en ese momento. Nadie tomaba en cuenta su voz, voto u opinión, a ninguno le importaba ella, reiterando el hecho de que fue abandonada totalmente.
Se abrazó a sus rodillas dejando caer sus lágrimas, un sollozo leve, mientras escuchó pasos apresurados buscándola. ¿Acaso si hubiese escapado con Jonas también terminaría así?
Tal vez sí, tal vez peor.
No pudo detener el llanto. Tantas veces que tuvo señales ante sus ojos, pero prefirió ignorar al creer que sería su salvación, jamás lo fue.
Eso fue lo que más le dolió. Él ni siquiera le daría un lugar digno, sino el mismo que tenía en ese momento, por culpa de su tío.
Su pecho se sacudió debido al llanto, llorando todo lo que no pudo hacerlo antes. Solo faltaban unos cuantos días para que la promesa de regresar de su tío cumpliera su plazo y estaba segura que no lo haría. No le importaba lo que le hicieran, porque siempre vería por él y nadie más.
Se quedó dormida en medio de sus llanto, con la cabeza apoyada en su brazo, sentada en el suelo frío y oscuro, mientras sus manos dolían y sus rodillas ardieron por las veces que la lanzaron al suelo.
__ ¡¿Que hizo que mierd4?! - el grito enfadado llegó a sus oídos sobresaltandola. - ¡¿Dónde está ese imbécil?!
Alguien le respondió a Bastian, en lo que Kiara se dio cuenta que había dormido en un rincón.
La puerta se abrió y por él entró el Don, quien ordenó que buscaran a Jonas y lo llevaran al despacho. Sus ojos se movieron al rincón en donde dejaría el abrigo, hallando a la pequeña figura que se levantó despacio.
Se veía tan frágil que sus músculos se tensaron. Los ojos los tenía rojos y su nariz resaltó ese mismo color. Con un movimiento de cabeza indicó a Marc que se fuera, sin dejarlo ver lo que él estaba viendo. Cerró la puerta y detalló a la chiquilla que sintió vergüenza de la imagen desaliñada que tenía.
__ ¿Que haces aquí, Liebe? - cuestionó con voz gruesa. - ¿No deberías estar con tu esposo?
Ella hizo mala cara.
__ Bueno, ve a tu cabaña o esto se prestará a malas interpretaciones. - dispuso yendo a su escritorio con algunos bocetos, siendo hasta ese momento que se dio cuenta que había entrado al salón de creación.
Ni ella supo como eligió esa puerta, pero agradeció que nadie tuviera autorización de entrar si el Don no estaba presente. La salvó de ser capturada.
__ ¿Puedo pagar la deuda de otra forma? - le preguntó y Bastian alzó la ceja. - No me refiero a eso, sino a hacer algo que ustedes necesiten. Tener un lugar en el que se me tome en cuenta aquí o...
__ ¿Que te pasó, Liebe? - su tono cambió. - Ahora eres tomada en cuenta. En cuanto el pacto se hace, de ser una esclava más, pasas a ser la favorita o esposa de quien te eligió.
Ella guardó silencio. Seguramente pronto sabría que no lo hizo, pero no se arrepentía. Jonas era a la última persona que querría tener cerca.
__ Tú tío no vendrá. - las palabras la golpearon mucho más fuerte. - Te salvas sola o te dejas morir, pero tu versión lastimera no es algo que debes mostrar. - se tragó el sollozo. Él no entendió por qué quería palpar sus mejillas, pero imaginó lo tibias que podían estar y eso lo invitó a tocarlas.
Justo como pensó. Fue como palpar la tela más suave de todas, calidas y muy sensibles a su contacto. Casi pudo olerla y sin quererlo la vio mas de cerca. Con tan poco espacio entre los dos, que el aire le hizo falta a Kiara. Pues ese par de ojos negros, penetraron tan profundo que no pudo contener el aliento.
Tenía que dejar de verla. Recordarse que ahora era la esposa de su hermano, pero no pudo detener ese deseo incitador. No pudo frenar el golpe a su moral.
Un carraspeo les advirtió de la presencia de alguien. Ella dejó de respirar y él en un segundo cambió su mirada pasiva a una de un asesino que estaba a nada de cortar la lengua lengua de quién tenía frente a ellos.