El teléfono sonó en medio de la noche, sacándonos del sueño profundo. Me apresuré a contestar, preocupada por la voz llorosa que provenía del otro lado de la línea. Era una persona que conocía bien, alguien que había estado en mi vida de una forma u otra durante mucho tiempo: era la hermana de Eduardo. Entre sollozos, ella compartió la noticia impactante que cambiaría el curso de la vida de Eduardo para siempre. Un accidente grave había ocurrido en Colombia, en el que Eduardo y su esposa habían resultado heridos. Lo peor de todo era que su esposa no había sobrevivido. Mis emociones se agolparon mientras escuchaba las palabras de la hermana de Eduardo. Sabía que, a pesar de las circunstancias complicadas de nuestra relación pasada, Eduardo estaba sufriendo profundamente en ese momento. La

