"Las cosas se terminan, Eduardo, todo se termina", murmuro, intentando que capte la indirecta que le estoy lanzando. Pero parece no entenderlo y sigue insistiendo. "Tampoco hay pasta de dientes, ni jabón, y los champús tampoco están", comenta y frunce las cejas. "Puedes ir y comprar tú", comento. Él me miró con el ceño fruncido y dijo: "Está bien, iré a comprar yo". Para mi sorpresa, sale por la puerta enseguida. Suspiro, quizás mi plan esté funcionando. Por primera vez, él gastaría dinero en la casa y yo tendría algo para mí. Ni siquiera tenía zapatillas para caminar; siempre tenía las mismas, y Melisa me regaló unas por mi cumpleaños. Pero con mi sueldo, no podía permitirme comprar nada para mí. Me cansé, ahora quiero invertir en mí misma, ser libre y feliz. Quiero inscribirme en el

