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217 Palabras

Entonces, escuché una voz conocida. - ¿Se puede saber por qué tratas así a las empleadas? - preguntó la voz de mi padre. En cuanto lo miré, él tenía el ceño fruncido y llevaba un traje caro. Su mirada era aterradora, incluso algunas empleadas bajaron la cabeza cuando él apareció, pero yo no lo hice. Casi siempre lo veía, ya que era habitual verlo prácticamente todos los días. Las llamadas telefónicas eran escasas. Al principio, cuando comencé a trabajar aquí, hizo un escándalo tremendo, pero al final me comprendió. - Está despedida, señorita. - la supervisora exclamó, mirándome con enojo. - Por favor, recoja sus cosas. - No puede despedirle, es mi hija, la heredera de todo lo que tengo, y no puede tratar mal a su superior. Usted no es nada, es solo una empleada insignificante. - mi pad

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