―Tu padre me ha sorprendido con su aceptación de todo lo que ha pasado ―admitió Kelan de mala gana mientras examinaba el pequeño dormitorio―. Esperaba que se resistiese más. Se acercó para coger una fotografía de Trisha de cuando tenía doce años. Estaba de pie delante de un gran grupo de hombres vestidos en distintas tonalidades de verde y n***o, y Kelan dedujo que se trataba de guerreros de su mundo. Trisha tenía una gran arma arqueada entre las manos, iba vestida del mismo modo que los hombres y tenía una enorme sonrisa en su joven rostro, aunque la mayoría de los hombres miraban la cámara con expresiones de dolor. Kelan se sentó en la cama y cogió otro libro con una fotografía en la portada, dejándolo sobre su regazo. Lo abrió y empezó a examinar poco a poco las imágenes: en todas ell

