—Toc, toc —mi madre toca la puerta de mi habitación. —¡Hija mía, abre ya! En enojo se dice de todo, pero mi intención no era ofenderte, quiero que hablemos, por favor. —¡Déjame sola, madre! —¡Vamos, eres un adulto, pero para mí siempre serás mi niña! No dije nada con mala intención, a veces uno dice lo que piensa sin medir si ofende o no, espero puedas entender eso y abrir para que conversemos. —Sólo diré que tienes toda la razón mamá. —No tiene que ser así, no tengo por qué tener la razón, abre y mírame a los ojos para que hablemos, quiero pedirte disculpas por entrometerme en tus cosas. —No hay necesidad, no has hecho nada malo, yo soy quien ha sido una tonta. Quiero que olvides lo sucedido, no ha pasado nada ni debes arrepentirte de sus palabras. Ve a dormir y mañana lo hablamos ¿

