—¿De quién estás hablando? —Lárgate. —Vine a traer esto para ti y para tu familia de parte de la señora Sartori, no te voy a hacer nada, o lo que sea que estés creyendo. No te voy a hacer daño —levanté los brazos mostrando el sobre, intentando evitar que entrara en algún tipo de psicosis. —¡No necesito nada de ustedes! —Yo solo estoy haciendo el recado, no es asunto mío, no sé de qué hablas. —¿Solo haciendo le recado?, harás que me maten aquí mismo. —¿De que hablas?, nadie te va a matar, eso es muy extremista —fruncí el ceño y todavía seguía en la misma posición. —Ese idiota que me golpeó en la fiesta hace unos días —se detuvo y me miró entre sorprendido y asustado. —¿Que? —No le digas que le dije idiota, por favor —suplicó y yo no tenía la menor idea de que estaba hablando.

