A pesar de no llamar mi atención o de no interesarme mucho su comportamiento, no podía negar que su presencia emanaba un aire muy pesado y extraño, que te dejaba la piel erizada y fría, tendiendo a ser peligrosa. Jamás había sentido algo así con nadie y no sabía cómo quitarmelo de encima, y definitivamente no había pasado un día de todo.
¿Como soportaba Emma vivir con alguien así?, obviamente entendía el hecho de que era su hermano, sin embargo, él no parecía el tipo de persona que se llevase bien con su familia, incluso.
—Christian siempre ha sido un chico introvertido con las personas que desconoce, en la infancia era un poquito problemático por esta razón y no conseguía congeniar con nadie, por eso eran los problemas, pero nada que no se pudiera resolver gracias a Emma.
—¿A Emma?, ¿Como es eso? —la miré, y tenía una sonrisa pequeña en el rostro.
—Después te termino de contar, linda, acabo de recordar que tengo que preparar la cena para ti y para Emma —se colocó de pie arreglándose el vestido de flores, dejándome confundida y con ganas de saber más—. Fue un gusto recibirte, espero disfrutes de tu estadía estos días. Si me necesitas para algo, solo hazme saber.
—Si, por supuesto —ladee una sonrisa, hasta que me llegó una duda—. Corinne, una pregunta.
—¿Si, dime? —se giró en la puerta de la habitación, con una sonrisa nuevamente. Definitivamente esta mujer me iba a agradar mucho, pero no eran necesarias tantas sonrisas.
—¿Eres familiar de ellos? —pregunté suave, como si mi interior temiera a que escuchará alguno.
—Oh, no, no lo soy, pero los he cuidado por más de 15 años, entonces son parte de mi familia. Yo cuido de ellos, y hago los quehaceres de la casa —asentí procesando la información— Entonces, te recomiendo darte un buen baño caliente, imagino que debes estar cansada, y baja a cenar cuando estés lista —no pude responder, ya que se marchó enseguida dejándome sola de nuevo.
Comenzó a caer gotas de lluvia en la balcón junto a mi cama, y por fortuna ya lo había cerrado, sin embargo, me inundaba un sentimiento muy extraño y opacador. La noche había caído hacia una media hora, no recibía mensajes de Matías y el asunto del asesino que rumoreaba hasta en la cafetería donde fuimos esta tarde, me provocaban gran inquietud.
Uno de los tantos rumores que mencionaban, solo había escuchado uno en claridad. Se trataba de una mujer de unos veinte, aproximadamente, había sido abusada sexualmente según los detectives a cargo antes de que el maniático homicida la dejara decapitada, como si estuviera jugando a ser el jinete sin cabeza. Evidentemente eso no era de gracia, pero si era claro que se trataba de una sola persona, fuese hombre o mujer, que tenía una manía con las cabezas.
Desde el punto en que quería ver muerto a alguien, se trataba de un cínico enfermo, asesino a sangre fría. Yo tengo veinte años, y la idea de estar bajo la persona que me quitaría la cabeza por que si, me perturba hasta los órganos, pero eso no me iba a impedir el disfrutar con mi casi mejor amigo.
Según lo que habían dicho los padres de Emma y Christian, la casa tenía un sistema de seguridad muy bueno, un prestigio que solo compartían las familias poderosas del pueblo. Era claro que ellos eran uno de esos, solo que me extrañaba que solo sus hijos, quienes evidentemente deberían tener más ganas de salir de este pequeño pueblo, no quisiesen vivir en la ciudad. Desconocía las razones, pero gracias a eso podía estar en la acogedora casa.
Me llamó la atención el sonido de la puerta frente a mi habitación que se había abierto, dejando ver a una arreglada Emma. Se veía tímida en el delicado vestido que llevaba, más sin embargo se acercó a mí en cuanto el timbre sonó.
—Hola.
—Hola Emma, ¿vas a salir?
—Si, venía a preguntarte, si no estabas muy cansada por lo de tu desempaque, si querías salir con una amiga y yo a un club en el centro del pueblo. No hubiera aceptado, de no ser por que recordé que estabas tú.
—¡Emma, llegó tu amiga Loren! —gritó desde la plata baja, Corinne. Ambas sonreímos. No tardaron en sonar unos pasos subir las escaleras.
—¡Emma! —la mujer que apareció por las escaleras, que desconocía totalmente, abrazó a la nombrada y ambas se sonrieron. No tardó mucho en darse cuenta de mi presencia—. Y tú debes ser la chica que los padres de Emma dejaron quedarse por estas vacaciones, ¿no es así?
—Si, así es, soy yo.
—Loren, ella es Sky. Sky, ella es Loren, mi mejor amiga, se podría decir —nos presentó Emma.
—Es un placer, Loren —tendí mi mano.
—Tambien es un placer, Sky. Es un nombre muy lindo —sonreí agradecida.
—Entonces, ¿nos acompañas?, es tu primera noche aquí.
—Si, es verdad, además que Emma aceptó después de una larguisima rogadera, solo por que quiere que tú conozcas un poco más. Esto es mérito de celebrar.
—Es un halago, chicas, pero estoy muy cansada, creo que en otra ocasión podría ser. Perdón —me disculpé sinceramente, por que así era, no tenía mucha energía de sobra para celebrar en un club.
—¿Enserio?, entonces creo que mejor yo tampoco voy.
—No, Emma, tu ya me dijiste que si, no vas a dejar a nuestros amigos plantados. Sky nos puede acompañar en otra ocasión, entonces. Que descanses, Sky, bienvenida al pueblo —comenzó a tirar del brazo a Emma, mientras ésta se intentaba soltar e iba quejándose por que yo no iba a ir, entonces ella ya no necesitaba de ir. Me causó gracia, y cerré lentamente la puerta de la habitación.
Otra vez a la oscuridad del espacio, donde minutos antes había sucedido algo que probablemente me iba a causar un trauma a la oscuridad.
Sacudí la cabeza buscando el sueño.