Miró el cielo oscuro con esos brillantes ojos, sin saber lo que pasaría o lo que sería. Un ser sin deficion, extraño y perdido entre las enredaderas de su cabeza. No podía estar seguro si era víctima o causante de su propio infierno, pero por alguna razón no le importaba. La única luz que iluminaba sus ojos azules apagados, era esa criatura que había llegado a su vida de la nada. Sentía que aveces la odiaba, no era por qué se robara la atención de sus padres, sino por qué no tenía como evitar que los demás se acercaran a disfrutar de lo que le daba consuelo. Su felicidad estaba basado en sonrisas cortas, que solo convertían un día oscuro en uno brillante por momentos. Tenía la certeza de que era él quien debía cuidar de ella, de todas las maneras posibles, de la misma forma en que su n

