Me sentía como en una jaula inmensa, encerrada con dos diferentes especies de animales. Por una parte estaba el depredador, una bestia peligrosa y cruel, que no sentía piedad por el daño que hacía y mucho menos le importaba ocasionarlo, aunque dañara a los equivocados. Y por otra parte estaba la indefensa y tranquila presa, que no provocaba daño en nadie, vivía igual que los demás, sin buscar los problemas, pero con un fuerte depredador detrás que no sería capaz de dejarlo pasar, por que por alguna razón debía ser el malo, nunca ambos. Y ahí estaba yo, en medio de los dos, procurando que ninguno terminara haciendo algo equivocado y sobrevivir al mismo tiempo. No lo quería ver, por que recordaba cosas que quería dejar debajo de mi corazón, pero su simple presencia y el saber que estaba

