Iba tan distraída en mis pensamientos que ni siquiera noté que mi celular estaba vibrando insistente en el asiento del copiloto. Cada vez que visitaba la comisaría me llegaban más motivos por los cuales debía escapar, pero no era capaz aún, por que los señores Sartori aún no podían volver, ya que seguían con el asunto del abogado, pero no tenían ni idea de que en cuanto volvieran, ellos debían encargarse de su hijo y yo saldría de sus vidas como si jamás lo hubiese estado. Me habría dado una vergüenza interna escaparme de ese modo, si hubiesen sido circunstancias normales, pero su hijo había sido acusado de asesinato múltiple a personas que claramente eran inocentes, por que nadie se espera que estar en su casa lo lleve a la muerte. Recordé a la mujer que había escuchado, que supuestam

