Acate la orden de mi amo y empecé a tocarme, desde la cabeza hasta mi centro, donde cada rose me causaba una sensación diferente -no quiero que tengas un orgasmo conejita- sentenció al ver como mi cuerpo se empezaba a contraer, haciendo que frenara de golpe mi agitado toqueteo -ahora quiero que vengas aquí y te acuestes boca abajo sobre mis piernas- se puso de pies y camino hasta la butaca que estaba al pies de la cama y yo espere a que se sentara ya que antes de hacerlo fue hasta una de sus gavetas, tomó asiento y me coloque sobre sus piernas, volviendo a sentir aquellas viejas sensaciones que me provocaba el estar a la espera por saber cuales serían los nuevos placeres y los métodos utilizados para ese fin, en pocas palabras, la espectativa se quedaba corta ante la realidad. Vendo mis

