Amara apenas podía creerlo. Tras años de práctica incansable, entrenamientos nocturnos e innumerables competiciones, su sueño por fin estaba a su alcance. Había sido seleccionada para representar a su país en una competición internacional: una oportunidad de dar el salto al escenario mundial y demostrar que está entre las mejores patinadoras del mundo. La noticia corrió como la pólvora entre sus compañeras y su entrenador, y ella podía sentir su emoción y su orgullo. Pero era la persona que la esperaba en la pista quien más significaba para ella. Mientras caminaba por el pasillo después de su entrenamiento, vio a Liam apoyado en la pared; su rostro se iluminó al verla. —¡Amara! —La abrazó con fuerza, con la voz llena de orgullo—. ¡Lo lograste! Sabía que lo harías. Ella rió, sintiendo la

