El avión aterrizó en la pista familiar mientras Amara miraba por la ventana, contemplando la ciudad que ahora consideraba su hogar. Había pasado años viajando para competiciones, visitando innumerables aeropuertos y hoteles, pero había algo especial en regresar a este lugar después de su debut internacional. La medalla de plata que colgaba de su cuello brillaba tenuemente, un recordatorio de su logro: un triunfo que se sentía a la vez surrealista y profundamente satisfactorio. Mientras atravesaba la abarrotada terminal, vio a su entrenador esperándola, con una extraña sonrisa en el rostro. No solía hacer alarde de su orgullo, pero hoy lo mostró abiertamente. "Lo lograste", dijo, dándole una palmadita en el hombro con una firmeza que lo decía todo. "Nos hiciste sentir orgullosos". Amara

