capitulo 3 - 8 años atrás

397 Palabras
Hace 8 años... Agustina necesitaba agregar un item más en su hoja de vida y lo que ella habia considerado la mejor opción era dar clases de catecismo en un colegio secundario. Cuando llego a trabajar por primera vez a ese lugar, le presentaron a los nuevos compañeros de trabajo que tendría. - Ella es Lorena, maestra de lengua; Fernando profe de contabilidad; Lisandro profe de inglés y Andrés ayudante de aula del profe de inglés.- dijo Miriam la profesora de matemáticas y tía de mi mejor amiga Neri. Y ahí estaba él. Fue casi como un flechazo entre los dos, las miradas hicieron cortocircuito y sentí que me ponía roja como un tomate. Quería dejar de mirarlo, pero sentía que no podía, un imán invisible me atraía. Debia ser mas discreta así que baje la mirada aunque no queria hacerlo para nada. Miraba a los demás simulando interés pero no lo podía evitar, mi ojos volvían a ese lugar. Cuando buscaba su mirada, el la apartaba al instante. Pero tenia que presentarme: -Mucho gusto a todos, espero que nos llevemos muy bien- contesté con calor en las mejillas, no se si por la vergüenza de hablar en público o por como me hacía sentir Andrés - Claro que sí y cuenta con nosotros para lo que necesites- dijo Lorena -Si quieres, Andrés y yo podemos mostrarte cuál será tu salón.- agrego Lisandro. - Me encantaría - respondí amablemente, pero muy nerviosa. Empezamos a caminar por los pasillos del colegio los tres, el profesor Lisandro iba haciendo el tour pero yo verdaderamente no escuchaba una sola palabra de lo que decía, solo asentía. Hasta que Andrés pregunto: - ¿Que te llevó a dar clases de catecismo? - Estudie toda mi vida en una escuela católica- respondí- pero en realidad estoy cursando la carrera de periodismo, solo que queria sumar puntos extras y dar clases me ayudará a soltarme.- expliqué -Me parece muy buena idea, yo ayudo al profe de inglés, pero en realidad empecé mis estudios en abogacia. - dijo Andrés -¡Genial!- dije, pero creo haber sonado demasiado sorprendida. -Bueno Agustina, este será tu salón, espero que te sientas muy cómoda, nosotros estaremos aquí junto por si necesitas algo- hablo Lisandro sacándome de la hipnosis en la que me tenían los ojos marrones de Andrés. Y ese fue el inicio de algo, lo sentia.
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