Antoni la ayudó con paciencia, asegurándose de que no hiciera ningún esfuerzo innecesario, Mia se apoyó en él mientras él deslizaba con suavidad una blusa ligera por sus brazos y la abrochaba con cuidado. — No quiero que me trates como si fuera de cristal. — susurró ella, aunque se sentía agradecida de que su esposo fuese tan dedicado. — No eres de cristal, pero sí eres mi mujer y quiero cuidarte. — respondió Antoni con seriedad, terminando de acomodar su ropa antes de agacharse para ponerle sus zapatos. Mia lo miró con ternura y cuando él levantó la vista, le pasó la mano por el cabello en una caricia ligera, una caricia de amor puro tenía problemas, pero como amaba a ese grandulón celoso y posesivo. — Gracias por estar aquí. — Antoni le besó la frente con suavidad. — Siempre voy a e

