Mia se aferró a la camisa de Antoni mientras el beso se profundizaba, su enojo aún burbujeaba en su interior, pero el calor de los labios de su esposo contra los suyos empezaba a deshacerlo, él la sujetó por la cintura, pegándola aún más a su cuerpo, como si quisiera dejar claro que solo la quería a ella, cuando sus labios se separaron, Mia respiró agitadamente, su frente apoyada en la de él. — Esto no significa que te perdoné. — susurró con terquedad, Antoni sonrió contra su boca, deslizando una mano por su mejilla. — Entonces, seguiré intentándolo. — ella rodó los ojos, pero no se alejó, en su pecho, su corazón latía con fuerza, atrapada entre su enojo y su amor por él. — No puedes solucionarlo todo con besos, Antoni. — agarro su corbata con fuerza. — No... — admitió, deslizando su p

