Semanas atrás
Cristian
Camino de un lado a otro, en el departamento, esperando a que Nahomi vuelva, me siento y me vuelvo a poner de pie mientras pasan las horas y ella no llega.
Tomo mi celular y marco su número, suena un par de veces y ella responde, avisándome de inmediato que está bien, le pregunto dónde esta, aunque puedo imaginar dónde es, quiero asegurarme de que está en un lugar seguro, me dice que no la busque en casa de Anika, un hueco se agiganta en mí corazón, siento que me pisotea y estruja mí corazón, por lo que miento diciendo que no pensaba buscarla.
Cuelgo la llamada y paso mis manos por mí rostro, no puedo creer que esto nos este pasando.
Conduzco por la carretera que me llevará a Kent, la oscuridad de la noche y los copos de nieve, dificultan un poco mí visión, por lo que activo la luz alta del auto, y manejo con precaución.
La música clásica resuena levemente por las bocinas, trato d enfocar mí mente en escenarios positivos, pero no puedo, mí cabeza no deja de proyectar una y otra vez las palabras hirientes de Nahomi.
¿Cómo es posible que se diera por vencida con lo nuestro, así de fácil? No puedo entender lo que nos está haciendo, parece muy convencida y decidida en lo que quiere, no le importa que yo no esté de acuerdo con ella, no busca un punto medio de la conversación en la que ambos llegamos a una solución justa para ambos.
Siempre hemos solucionado los más mínimos detalles juntos, no tomamos una decisión definitiva, sin que el otro este de acuerdo, discutimos los pro y los contra de todo, cuando no estamos de acuerdo en algo, así es como somos nosotros.
Los ojos se me humedecen y quisiera sacarme el corazón del pecho, así no lo sentiría tan pesado y no cargaría el amargo dolor que estoy sintiendo.
Respeto su integridad y cada día aprendía de ella cosas que me ayudaban hacer mejor persona, yo admiro todo de esa mujer, pero en este sentido me siento decepcionado de su actitud, por más que busco en mí mente algo tenga sentido en su actitud, no lo encuentro.
El palacio de los Duques de Kent aparece en mí capo de visión, las enormes barandas resguardan los amplios terrenos de la propiedad de mí familia.
Uno de los guardias que vigilan la seguridad nocturna, me indica con una mano que me detenga, los factores del auto muestran al hombre uniformado, decido reducir la luz y detengo el auto frente a la enorme verja Protectora, hecha de hierro.
Pongo el freno de mano y roto la palanca a estacionar, abro la puerta y salgo del auto, sintiendo el frío calar por mis huesos.
— Señor Müller— dice el hombre al reconocerme de inmediato.
Yo le dedico un saludo con la mano y el abre el protón, para que pase sin problemas.
Vuelvo al auto y conduzco hasta la rotonda principal en donde está la enorme fuete encendida e iluminada.
Han pasado años desde la última vez que estuve aquí, recuerdo perfectamente cuando mis padres me dieron la espalda, opuestos a que sostuviera una relación con Nahomi, salí con la frente el alto y prometí no volver, pero la vida da muchas vueltas, heme aquí, devuelta, tomando del agua que había dicho no volvería a tomar, por supuesto que en contra de mí voluntad.
El ama de llaves junto a otros empleados me reciben con una enorme sonrisa, imagino que el guardia de seguridad les aviso de mí llegada.
Entro al recibidor y me despojo del gabán que traigo puesto, los pasos provenientes de la escalera, hacen que lleve mí vista hasta ahí, encontrándome con mis padres, vestidos con pijamas de seda del mismo color.
—¡Oh cariño! ¿Mis ojos no me mienten, es ese nuestro hijo? — dice mí madre tomando la mano de mí padre y este me observa en silencio — estás aquí mí amor— mi madre se lanza en mis brazos, y yo al principio me quedo inmóvil, pero busco en mí mente los bellos recuerdos que tengo de la infancia con mí madre, su fragancia sigue siendo la misma, sus lágrimas humedecen mí camiseta y mis brazos rodean su cuerpo con amor, la he echado mucho de menos, pero ellos son los responsables de mí lejanía.
— Cristian hijo, bienvenido — habla mi padre, quien se une al abrazo y siento que necesitaba ese abrazo mucho.
Estoy pasando por un momento muy difícil en mí vida, mí relación con Nahomi está de cabeza y mí trabajo se está tornando incómodo.
Nos separamos del abrazo, mí madre en engancha a mí brazo izquierdo mientras que mí padre toma el derecho y caminan conmigo hasta la enorme sala principal.
— Viniste — vuelve a decir mí madre —desde el día de la ópera no nos habíamos vuelto a ver.
— Saben muy bien la razón, que me hizo venir personalmente hasta aquí — les digo.
— Hablaremos sobre eso mañana— agrega mí padre — ahora es bueno que descanses y te relajes un poco.
— Nos orillaste a hacerlo de ese modo Cristian— habla mí madre — pero cuéntanos, ¿Por qué viniste a estas horas de la noche?— indaga mí madre, pero yo ignoro su pregunta.
— No pueden intervenir en mí vida madre, muchos buenos artistas fueron atropellados con esa decisión absurda de ustedes— el digo con seriedad — mí trabajo es importante para mí, y las cosas se deben hacer por la vía legal.
— Eres mejor que todos esos colegas tuyos, lo pudimos ver en la obra que nos invitaste, ¿recuerdas? — dice mí madre.
La impotencia hacen que me peine el cabello hacia atrás con frustración, no puedo creer su nivel de descaro.
— Entiende Cristian, no tuvimos salida, tu madre y yo no soportamos estar separados de ti— habla mí padre.
— Pues lo que están haciendo no es lo correcto— les digo.
— Y ¿Qué es lo correcto, según tú?— habla mí madre.
— Reconocer que quiero ser independiente, aceptar que amo la música más que ser Duque, respetando mis decisiones, soy un adulto que sabe lo que necesita— les digo elevando el tono de mí voz — por favor, les pido que no intervengan en la obra ni en mis cosas si yo no sé los he autorizado— miro a mí madre — solo vine a decirles eso, porque si no lo hacen no participaré en la obra y renunciaré al teatro.
— Ya la decisión está tomada, actuaras junto a Amelia, y te quedarás en este que es tu hogar— habla mí madre.
— Solo vine a perder el tiempo, me marcharé ahora mismo— digo cansado de escuchar imposiciones por parte de mis padres, no valoran el trabajo que hago y eso no se los puedo permitir, me doy la vuelta para irme y mí madre me toma por el brazo para evitar y salida.
— Es muy noche Cristian, no puedes irte— me suplica.
— Ustedes no entrarán en razón, y yo solo estoy perdiendo el tiempo— les grito, mientras retiro la mano de mí madre de mí ante brazo, sabía que no era una buena idea enfrentarlos, que nada resultaría de eso.
Mí madre empieza a llorar y mí padre la abraza, los empleados se acercan a ellos y la voz de mí padre detiene mis pasos, cuando escuchó las palabras que salen se su boca.
— ¡Tu madre tiene cáncer!— se me congelan los pies del suelo, el corazón me late en los oídos y no soy capaz de mover ni un músculo de mis cuerpo, respiro con dificultad analizando en significado de esas palabras.
Después de largos segundos de volteo aún impresionado sin poder creer que sea verdad.
— Estás mintiendo, solo lo dices para que me quede, eso es muy bajo de tu parte padre— le digo con el dolor agudo en la garganta.
— No estoy mintiendo, nunca jugaría con algo así— dice seguro y mí madre llora en silencio en el hombro de mí padre — hace un par de semanas nos enteramos, ella solo deseaba verte actuar antes de que inicien las quimioterapias, ya que perderá todo el cabello y necesitará reposo para recuperarse— gruesas lágrimas salen de mis ojos, estoy impactado.
— No quería que lo supieras de este modo Cristian, no quiero que me veas frágil y sientas pena por mí— habla mí madre, mientras se acerca a mi — se que te perdí, soy la peor de las madres, hice cosas que no sé cómo reparar, se que merezco que me aborrezcas por lo vil que he sido contigo— le pongo un dedo sobre la boca para que deje de hablar.
—¡No hables!— le digo, tengo que procesar está dolorosa realidad.
— No te vayas Cristian— habla mí madre ablandando mi corazón — no me dejes por favor— me dice y la abrazo con todas mis fuerzas.
En la soledad de mí antiguo dormitorio, doy vueltas en la cama pensando en todas las cosas difíciles que han pasado en los últimos meses, son eventos muy fuertes de los cuales no sé cómo reparar.
El día llega y mis ojos no se cerraron durante toda la noche, salgo de la cama y me doy una ducha rápida, al volver a la habitación encuentro ropa bien doblada sobre la cama, me la coloco y salgo de la habitación dirigiéndome a la de mis padres, pero uno de los empleados me indica que ellos me esperan en el pórtico del ala oeste del palacio, rápidamente me dirijo hasta ellos y los encuentro sentados, mientras le sirven el desayuno.
— Bienvenido señor Müller— habla el ama de llaves — por favor te asiento, en seguida le sirven— habla amable la mujer.
Me acerco a mí madre y tocó sus manos, su piel luce brillante y sus hermosos ojos me miran con ternura.
Mí padre me extiende un portafolio con el diagnóstico de mí madre, y efectivamente tiene cáncer de mamá, en el seno izquierdo, es del tamaño de una pasa, pero es maligno.
— ¿Qué procede ahora?— le pregunto.
— Dentro de unas semanas iniciarán las quimios, serán seis, antes de la operación para extraer toda la glándula mamaria izquierda— dice mí padre.
— Cariño, no hablemos sobre eso, ya vendrá ese momento, solo quiero disfrutar de tu presencia— dice mi madre y yo beso su mano.
— Eres la mujer más fuerte que conozco, esa enfermedad no podrá contigo— le aseguro, ya que se cuánta valentía tiene mí madre.
Paso tres días consecutivos en el palacio de los Müller, trato de no confrontar y contender con mis padre, durante esos días, ya que estoy poniendo de mí parte para no darle disgustos a mí madre.
Vuelvo a Londres y ensayo en el teatro todos los días las semana siguientes, hablé con el director y le pedí que hiciera los ensayos con todos, la Duquesa de Fife rechazo abiertamente que su hija Amelia participará en la obra, intenté hablar con ella, pero se negó rotundamente a hablar conmigo, así que le pedí a Nathaly que participará en la obra.
Durante todos estos días he intentado llamar a Nahomi, pero me arrepiento en el último momento, con Nathale he enterado que está muy enfocada en las obras de arte que debe presentar en la galería, es una exhibición que se llevará a cabo dentro de poco.
La galería queda muy cerca del teatro, a veces deseo ir a buscarla y decirle que ya estuvo bueno es tiempo que me pidió, que la necesito en mí vida, por eso ahora me arme de valor y estoy en el auto, esperando a que ella salga de la galería, preparo mentalmente un discurso que exponga todo lo que deseo que ella sepa.
Cierro mis ojos para concentrarme, pero al abrirlos desearía no haberlo hecho.
Nahomi sale de la galería, seguida por un sujeto que posiciona su mano sobre su cintura y ella no dice nada, sonríe y engancha su brazo al de él, cómo si fueran conocidos de antes, pero a ese hombre yo no lo recuerdo, los dientes me crujen y los celos me nublan la mente, ¿Qué significa esto?