Capítulo VI Gustos

1070 Palabras
Río divertida. –Te dije, es gracioso, siempre lo es  –dice Caleb. –Jamás me lo habías contado –digo entre risas. –bueno, el punto es ese –ríe nuevamente–, me acuerdo, y me da tanta risa. Caminamos un par de metros más y por fin llegamos a mi trabajo. –Gracias por la anécdota y por acompañarme al trabajo –le digo alegre. –No es nada, corazón, lo sabes –besa mi frente cálidamente. –Nos vemos en la noche –me despido–, te quiero. –Sí, claro, yo te quiero más –sonríe coqueto. Se queda viendo fijamente a mis ojos, sonrío divertida y hago bizcos haciéndolo reír. –Me encantas tanto, Olivia –me habla cálidamente. –Mentiroso –río. Blanquea sus ojos y niega divertido. –Nos vemos, linda –se despide nuevamente y comienza a alejarse. –Adiós, guapo  –me despido entrando al enorme edificio. Tengo que tomar el elevador, caminar un par de cubículos y por fin llego a mi lugar. El elevador se abre frente de mí anunciando que he llegado a mi piso, salgo y camino mentalizándome para terminar todo el trabajo que tenía pendiente. –Olivia, hay junta con el jefe de departamento, nos quieren ya  –me habla Phoebe tomando de mi brazo y llevándome con ella sin siquiera poder dejar mis cosas. Llegamos a la oficina de juntas de nuestro de departamento de editores, el señor Norman se encontraba sentado en la silla central mirándonos a todos como si hubiéramos hecho algo muy malo, quizá lo habíamos hecho y por eso no tenia citados. –Bien jóvenes colegas, quiero hacerles saber que pronto se acerca el cambio de temporada, lo que significa que las nuevas modas llegan, nuevas criticas y nuevas revistas  –el señor Norman se pone de pie comienza a caminar de un lado a otro-, así que, les pido de la manera más atenta que tengan acabados los próximos artículos para el final de la semana, están haciendo un gran trabajo, pero necesito que estén libres para la edición del cambio de temporada, por razones que ya comenté. Me quedo en mi lugar esperando a que alguno hable, sin embargo nadie lo hace así que mantengo la misma postura. –Bien, a su trabajo jóvenes  –termina el señor Norman, siendo el primero en dejar la sala. –¿siempre es así de tenso aun cuando es algo bueno?  –le pregunto a la rubia. –Sí, es bastante intenso –ríe divertida–. una vez me felicitó por mi cumpleaños de una manera tan seria, que creí que me estaba despidiendo. –¿En serio? -le pregunto bastante sorprendida. –Sí, fue horrible...y divertido a la vez  –ríe–. me pondré a trabajar, tengo bastante trabajo, he pospuesto muchas cosas, así que mejor me apuro. –Sí, claro...¿Phoebe?  –le llamo antes de que me deje. –¿Sí? –¿Aquí hay algún lugar para fumar? Phoebe sonríe divertida y me da las instrucciones. // No sabía que tres pisos arriba había una terraza bastante linda llena de plantas y pequeños arboles exclusiva para fumadores. Saqué una cajetilla con tres cigarrillos Benson y con la ayuda de mi viejo encendedor prendí uno de ellos, observé como el humo de la punta comenzaba a subir y se desvanecía en el aire. Caminé un poco para tomar lugar en una pequeña mesa que tenía un cenicero, dándome a ver que no me encontraba sola. –Disculpe, ¿puedo tomar asiento?  –pregunté al hombre que se encontraba de espaldas a mí. Se giró mientras expulsaba el humo de su boca, sus ojos azules penetraron con los míos, sentí como el aire se escapaba de mis pulmones. –Por favor, corazón  –se puso de pie y acomodo una silla para mí. –Creo que mejor me retiro  –respondo nerviosa. Antes de poder tirar mi cigarrillo a medias y salir de ahí, Logan toma de mi brazo y me gira lentamente a él. ¿Cómo es que yo no me resistía? –Venga, siéntate, Olivia. Paso saliva y cedo completamente. –So-solo un momento, tengo trabajo que hacer  –me siento enfrente de él. –Claro, solo un momento. El silencio entre nosotros comienza a incomodarme, pero al parecer para él no era así, podía deducirlo por su sonrisa sínica que comenzaba a molestarme y me daban ganas de golpearlo. –Felicidades  –si él quería jugar, yo también podía hacerlo–, por tu compromiso. –Oh, que linda, te acordaste  –habla divertido–. Creí que estabas enojada. –¿Enojada?, para nada, no tengo porque estarlo  –doy una calada a mi cigarrillo–, ¿por qué tendría que estar enojada? Me refiero, te estás casando, y con una mujer preciosa. Su sonrisa comienza a desvanecerse. –¿Qué edad tiene? ¿Cincuenta, cincuenta y seis, sesenta? Bueno  –suelto una pequeña risita–, qué importa ¿cierto? es perfecta para ti. Sus ojos azules comenzaban a oscurecerse. lo estaba logrando, estaba haciendo enojar a Logan Hamilton. –Aunque, es raro, ¿sabes? porque, quiero decir, antes te gustaban más pequeñas que tú, es sorprendente como tus gustos ha... Mis palabras son interrumpidas por los duros y, a la vez, dulces labios de Logan, siento como su lengua entra en mi boca y dejo que aquel beso pase, porque, para ser honesta tenía tantas ganas de besarlo desde hace mucho. –¿Sabes, corazón? mis gustos aun no cambian  –me pone de pie y cambiamos de lugar–,  aun me gustan más jóvenes que yo. Comienza a caminar conmigo hasta que chocamos contra la barda de aquella terraza. –Aun me gustan las jovencitas berrinchudas y preciosas, ¿sabes por qué?  –una de sus manos baja por mi espalda hasta llegar a mi trasero, el cual aprieta fuerte haciéndome soltar un gemido–. Porque así puedo enseñarlas que a papi no se le hace enojar. Me quedo en mi lugar sin saber cómo reaccionar, esto había llegado demasiado lejos. –Así que ya sabes, no hagas enojar de nuevo a papi, o tendré que azotarte  –palmea suavemente mi trasero antes de dirigirse a la puerta para salir de ahí–, porque no sabes las ganas que tengo de hacerlo, bebita.
Lectura gratis para nuevos usuarios
Escanee para descargar la aplicación
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Autor
  • chap_listÍndice
  • likeAÑADIR