—¿Hablas de esto? — recosté mi cabeza en su erección y lo miré de reojo—. ¿Por qué me miras así? Déjame adivinar, ¿estás esperando que haga esto? — froté mi mejilla en su erección, sintiendo lo duro, palpitante y caliente que estaba por encima del pantalón. Deseo con todas mis fuerzas hacerlo sufrir, por haber sido tan malo conmigo y por dejarme como si nada. A la misma vez, quisiera tenerlo entre mis piernas de nuevo. Lo mordí ligeramente y su mano se aferró a mi cabello. En su rostro se reflejaba lo excitado que estaba. Mordía su labio inferior, haciendo un gesto muy seductor. Es muy masoquista. No puedo creer que le guste ese tipo de cosas. —Pues cómo ves que tendrás que quedarte con las ganas. Este será mi desquite por haberme dejado sola sin ninguna explicación — me acomodé en el a

