Acaricié suavemente su mejilla y no fue como otras veces; no vi en ella intenciones de evitarme. —Ay, mi muñequita. No tienes idea de las ganas de atravesarte que te traigo, pero no creo que sea el momento adecuado. Necesitas desconectarte del mundo y descansar. No ha sido un día fácil para ti. —Tú eres el único que puede desconectarme del mundo. —¿Estás ebria de nuevo, o es que te golpeaste la cabeza en la ducha? —¿No quieres? —Eso no es algo que dirías tú. Me estás confundiendo las dos cabezas. —Ayúdame a olvidarlo todo. No quiero pensar en nada. Haz que desaparezca — susurró. —Esas no son formas. Mira nada más, ya me quieres usar de nuevo para luego evadir responsabilidades. Ese jueguito ya lo conozco. —No es ningún juego. —Ay, mi dulzura, no tienes remota idea de lo mucho que

