Mi teléfono sonó, interrumpiendo las órdenes que les estaba dejando a mis empleados. Que me estén llamando de la casa no me da buena espina. —¿Qué sucede? —Señor, lamento muchísimo molestarlo, pero créame que es importante. —Suelta la sopa. ¿Qué pasa? —La Srta. Esme se ha escapado de la casa. —¿Cómo que se ha escapado de la casa? —La señorita amenazó a sus hombres con un rifle que les robó y salió como una demente de la casa, llevándose todo por delante. —Es que de verdad esa muchachita no aprende. Ya me tiene inflada las pelotas. ¿Se fueron detrás de ella? —Sí, pero no sé si han dado con ella. Colgué la llamada, buscando la ubicación de su auto en mi teléfono. El auto no está en movimiento. Aprovechando esa oportunidad, salí a toda prisa de la clínica hacia la ubicación exacta. M

