—Permítenos darte una exquisita bienvenida a la familia. Te prometo que después no te quedarán ganas de irte. La puerta se abrió y alcancé a ver a Margarita. —¿Qué les dije sobre esto? Dejen a su hermana quieta. Suéltenla — ella intervino y me dejaron ir, permitiendo que pudiera volver a respirar. —Siempre tienes que llegar a arruinar la diversión. Solo estábamos poniendo a prueba a nuestra hermanita. No pensábamos hacerle nada malo — con la sonrisa que Henry me dedicó era evidente que estaba mintiendo. —No les hagas caso a estos dos sinvergüenzas. No saben cómo controlarse cuando tienen una mujer cerca. Lamento que mis hijos te hayan dado una pésima impresión. Te aseguro que son unos buenos chicos, lo que los daña son las hormonas. —¿Cómo puede justificar y defender lo que acaban de

