Esto debía ser un mal sueño. Si eso debía ser, seguramente todavía estaba en mi cama calientita enroscada con las sabanas durmiendo a pierna suelta esperando que suene el despertador. Porque de otro modo sería imposible que Thomas estuviera en este pueblo alejado de la mano de Dios... ¿Verdad?...¿Verdad? Los chillidos histéricos de la señora Steel hacen que rápidamente pierda la esperanza de que sea un sueño, levanté mi rostro y ahí estaba. ¡Infiernos! Thomas caminaba muy despacio hacia nosotros muy consciente de nuestras miradas: La mía perpleja. La de Holland maravillada La de la víbora… Extasiada. Podía sentir como empezaba a hiperventilar a mi lado, juro por Dios que si se desmayaba fingiría un tropiezo para no atraparla. Él no se había afeitado y solo traía una camiseta corta

