Un mes Había pasado un mes desde que Thomas se fue. Un mes entero. Treinta días. Cuatro semanas exactas en las que mi vida decidió convertirse en una prueba de resistencia psicológica no autorizada. El director Holland no exageraba cuando dijo que había muchísimas cosas que hacer antes de comenzar a filmar la película. Construir el set, contratar al equipo de vestuario, coordinar el hospedaje del equipo de producción, alquilar caravanas para los actores —y equiparlas como si fueran apartamentos de lujo sobre ruedas—, conseguir más permisos del alcalde, alquilar locaciones en el pueblo, contratar extras, repasar el guion, organizar las sesiones de fotos para los carteles promocionales… y eso sin contar el interminable etcétera que parecía multiplicarse cada vez que yo dormía menos de cin

