Técnicamente no debería estar aquí. Pero en mi defensa era la prometida falsa de ese hombre y eso me daba todo el derecho de espiarlo con estos binoculares. — ¿Sabes que pueden despedirnos por esto, verdad?—dijo Lalo a mi costado. Arquee una ceja y resoplé divertida —Dijo el hombre que trajo palomitas de maíz. —Alargue el brazo y tomé algunas. —El que tenga miedo a morir que no nazca, querida. —Respondió masticando las mencionadas palomitas de maíz. Estábamos a solo un kilómetro del set de filmación donde solo estaban autorizados a entrar algunas personas, ambos estábamos acostados con un montón de paja en nuestras cabezas como camuflaje. Lalo iba a volver a hablar cuando noté que el director Holland gritaba acción. —Silencio. Ya empezaron a rodar. Cuando Thomas empezó a besar a S

