—¿Me estás jodiendo? —Lucas se sirvió solo una cerveza del refrigerador. Llegó a casa ese sábado para «acompañarme en mi proceso». Casi no nos veíamos y cayó sin avisar. Vino por el chisme, para saber qué había pasado con Vera. Hasta eso era lamentable: el amigo que nunca aparecía, sediento por conocer el resultado de sus fotografías. —No. —¿Vas a tener a una mujer que no conoces viviendo en el patio porque Vera te metió los cuernos? Al menos espera, no sé… ¿dos meses? —No seas idiota. Me dio lástima, se quedó en la calle por mi culpa. —¿Por tu culpa? —Lucas se apoyó contra la mesada, le dio un trago a la cerveza—. Tú no la obligaste a que dejara al novio. —Se enteró de la peor manera. Por mí, en su apartamento. No tenía idea de nada, ni siquiera sospechaba. —¿Y qué tiene que ver e

