Me porté como un idiota. En vez de plantarle un beso para borrarle las dudas, me salió la mierda de adentro. Es que no entendía cómo era que no se daba cuenta. Tres mil preguntas me pasaron por la cabeza desde que salí de la habitación y me fui a caminar detrás del hotel. ¿No se sentía como yo? ¿Para ella seguía siendo un juego, un «ver qué pasa»? Bueno, se terminaba ese fin de semana. Sabrina revolvió mi mundo y eso no puedes dejar que se te escape. No me importaba Vera o ese zángano, no me importaba nada. Así de loco me tenía. Subí de nuevo, casi corriendo. Me sentía vivo de nuevo y ese era el efecto que te pasa por el cuerpo cuando sabes que encontraste a la mujer que encaja contigo. Por cada célula, hasta por cada cabello. Simplemente, lo sabes. Sentada en la cama con un vestido de

