No sé qué mi hizo decirle eso. Quizá el vino, llevábamos tres copas cada uno. O cuatro. El lugar callado sin gente. No sé. Admitir que yo había hecho lo mismo por lo que dejé a Matías. No le gustó, lo noté en cómo se sentó más derecho, en como apretó la mandíbula un poco. Es que Andrea con sus cosas esotéricas y sus palabra de que el amor y el karma y no sé cuanto más me pusieron nerviosa. Pero no me preguntó nada más, no me lo cuestionó. —¿Y después conociste a esa idiota? —Sí. —Sí —ya no hablaba como antes. Estaba tenso. —Empezamos por empezar. Por qué parecía bien, tranquilo. Normal. Trabajaba y vivía solo. La hermana se mudó con el novio. Sin padres. Era común, no lo sé. Seguro, supongo. Después de irme de la casa de mis padres, viví en el sótano de un amigo, luego en un aparta

