Las campanas de la catedral dan las doce en el justo momento en el que el carruaje para delante de un gran edificio. Armand me ha ayuda a bajar del carruaje, besa mi mano y se despide de mi. Cojo aire y comienzo a caminar con la cabeza bien alta, no tengo nada de lo que avergonzarme. Paso al salón, allí hay sentadas varias damas, entre ellas está Beátrice y su hija como suponía al menos ella no está aquí. Creo que por mucho titulo que posea no la aceptan. Saludo educadamente y me siento junto a Anne mi dama de compañía, las damas comienzan a hablar primero de cosas triviales como el tiempo y la comida, esto está resultando un poco aburrido pensé que hablarían de cosas más interesantes. Unos camareros llegan y nos ofrecen sendos bocadillos. - Beátrice querida, nunca nos comentaste que la

