06.

1392 Palabras
Gatita Salvaje. . . Las palabras de ese chico taladraban mi cabeza una y otra vez hasta llegar al punto de mantenerse su condición en mi cabeza. Si era cierto que jamás un chico me había hablado de esa manera, pero eso no quería decir que era una mojigata virgen que no tenía idea de las cosas que tenía que hacer a la hora de tener sexo, pero nunca espere que un chico al cual acababa de conocer hace aproximadamente tres horas me hiciera una pregunta como esa. No pude evitar soltar una carcajada por lo que me estaba pidiendo. Este chico era peor que Jason tenía muy serios problemas. ─No voy a besarte ─aclaré en tono firme ─Tampoco te haré sexo oral y si crees que puedes utilizar conmigo lo que usas con las demás chicas estas equivocado, no tienes ni idea de quién soy. Él asintió y luego tomó su maleta para colgarla en su brazo. ─Está bien, tú sola vendrás a mí y yo estaré ansioso de esperar que eso pase ─pasó a mi lado y se perdió en uno de los pasillos. Este chico tenía problemas, se me insinuó y luego se fue. Estaba molesta porque si quería besarlo, pero me estaba haciendo la difícil. Mi teléfono interrumpió mis pensamientos, lo saque de mi maleta y vi el nombre en la pantalla de Zoé ya era obvio que me estaría llamando por no aparecerme en la cafetería que era el único lugar que conocíamos. ─Funeraria las flores ¿En que la puedo ayudar? ─contesté y solté una risita. ─No juegues así Avery me asustaste, pensé que me había equivocado de número ─respondió Zoé y empecé a reír. ─Si me estas llamando para decirme que me apure, descuida ya voy en camino ─respondí. Cuando iba bajando las escaleras observé a lo lejos a Jason hablando con una chica de cabello castaño y un cerquillo que le cubría su frente, el dirigió su mirada a mí y luego debió la mirada. ─Bueno, en cinco minutos te quiero aquí bye ─se despidió y cerró la llamada. Llegué a la cafetería y en una mesa al fondo se encontraba Zoé junto a Mathew, estaban hablando muy de cerca. Caminé la mesa en donde se encontraban y tomé lugar en una silla frente a ellos. ─Buenas ─dije y miré a Zoé con una sonrisa ─Jason nos acompañará, tenemos que esperarlo ─habló Mathew. ─Él está en clases todavía. No pude evitar reír por lo que dijo porque era obvio que no estaba en clases, al menos que se tratara de dar clases hablando con una chica. ─Vamos a ir a uno de los mejores restaurantes que hay en esta zona, Jason me dio la idea ─dijo Mathew y colocó su mano en la espalda de Zoé. Desvié la mirada ante ese gesto, me provocaban ganas de vomitar. ─¿Avery cómo te fue en tu primer día? ─preguntó Zoé. ─Pues creo que bien como vez salí antes de la hora ─respondí y dejé a un lado lo de contarle sobre el beso que me pidió Ashton porque ni yo entendía que era lo que pasaba con ese chico. ─Miren ahí viene Jason ─soltó Mathew levantándose de su silla y ayudando a Zoé a levantarse. No me dio tiempo de voltearme para apreciar a Jason caminar hacia nosotros cuando escuché su voz a mi espalda. ─¿Ya nos vamos? Mathew asintió y comenzaron todos a caminar a la salida así que los seguí. Salimos de la cafetería y pude notar ciertas miradas sobre nosotros. Era obvio que todos estaban pensando en algo más. Aunque estuviera esa idea de ir a un restaurante a comer la gente no pensaría eso. Mathew abrió la puerta trasera de la camioneta y Zoé y yo entramos. En cuanto entré pude sentir el aroma a cereza en el auto y fue un aroma muy delicioso. La camioneta desde dentro era mucho más grande y tenía demasiado espacio. Me coloqué detrás del asiento de Jason y algo empezó a molestar en mi asiento, levanté uno de mis muslos y me topé con un paquete de preservativos. Joder. ─Al lugar que vamos hace un poco de frío y por lo que veo no tienen chaleco ─soltó Mathew entrando al asiento del copiloto y tendiéndole una sudadera a Zoé. O sea que en pocas palabras yo iba a morir de frío. Que vergonzoso. Al menos que el señor arrogante se compadeciera de mí y me diera una sudadera, aunque lo dudaba. Jason enciendo el auto y puso el aire acondicionado en el lugar que estaba sentada logrando así que me diera todo en el rostro. Solté un suspiro y rodé los ojos. ─¿Te importaría bajar el aire acondicionado?─pregunté en su dirección. Nuestros ojos se encontraron en el vidrio del retrovisor y el muy idiota se limitó en sonreír. ─Ya tengo frío y no tengo chaleco ni nada y Mathew ya dijo que al lugar que vamos hace frio y estoy tratando de calentarme aquí, para no pasar frio allá ─continué hablando. Sus ojos verdes estaban sobre los míos y luego los dirigió hacia la carretera y ni siquiera me respondió, continuó conduciendo como si nunca hubiera hablado. ─Eres un imbécil ─solté lo que tanto pensé desde el primer momento en que lo vi. ─Me lo han dicho tantas veces, que ya perdí la cuenta, ya lo tomo como algo que es parte de mí, asique no pienses que me harás sentir mal ─respondió dirigiendo su mirada al espejo retrovisor. ─Jason al regreso nos puedes dejar a Zoé y a mí en el estacionamiento del campus para buscar su auto y acompañarla a su residencia ─habló Mathew en dirección a Jason. ─¿Y qué pasa con la gatita salvaje? ─preguntó Jason y era obvio que se refería a mí. Observé su rostro por el espejo retrovisor y le saqué el dedo del medio. ─¿Puedes llevarla a la residencia? ─preguntó Zoé y abrí los ojos como platos en dirección a ella. ─Claro que sí ─respondí Jason. Nuestros ojos se encontraron por el retrovisor y me guiñó un ojo. ─Idiota ─susurré. Casi media hora después llegamos al estacionamiento del restaurante. Mathew nos abrió la puerta y Zoé y yo bajamos. No podía pasar desapercibido preguntar por el paquete de preservativos que vi en el asiento de atrás. ─¿Por qué eso está aquí? Jason soltó una risa burlona y Mathew negó con la cabeza. ─Es el auto de Jason y dios sabrá porque eso está ahí. A mi mente llegó imágenes de él y chicas en su camioneta. Si que la debían de pasar bien, porque Jason se ve que sabe cómo hacer sentir a una mujer en las nubes. ─Dios no sabe que hago en mi camioneta, Pero el diablo sí ─respondió Jason. Caminó en dirección a su maletero y luego lo abrió para sacar una chaqueta negra, me la tendió y mostró una sonrisa. ─Para la gatita salvaje ─murmuró y pasó su mano por mi rostro. ─No me toques, imbécil ─le arrebaté la chaqueta antes de que se retractara y no me la arrebatara. Zoé y Mathew empezaron a caminar hacia el restaurante y Jason el asiento del conductor, abrió la puerta y sacó un cigarrillo para después encenderlo. Me puse la chaqueta y me llegaba arriba de las rodillas. Jason era la clara definición de un gigante. ─¿Vas a mover ese lindo trasero o te quedaras ahí contemplando cómo te queda mi chaqueta? ─preguntó Jason llevando su cigarrillo a sus labios. ─¿Alguna vez alguien te había dicho lo detestable que eres? ─pregunté y el negó con la cabeza. Soltó el humo del cigarro y luego mostró una sonrisa. ─Eres la primera. No podía negar que Jason era muy guapo a pesar de que era un poco imbécil. Su cabello n***o estaba despeinado, su porte intimidante le hacía compañía junto a su altura de casi un metro noventa, su bien formado pecho, esos ojos verdes, sus labios perfectamente delineados. ¿Pero qué demonios estoy haciendo? Sacudí mi cabeza mentalmente dejando de lado aquellos pensamientos que estaban pasando por mi cabeza y me dediqué en cerrar la chaqueta que Jason me había prestado. Tenía que dejar de admirarlo porque estaba muy segura que él era de esos chicos que amaban tener ojos sobre él.
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