Victoria. Seis meses después. Ya casi seis meses viví en la casa de campo de Olga. Sin duda fue una gran idea. Esta casa era pequeña, de sólo tres dormitorios, con un pequeño jardín, casi en el mismo centro de un pueblo de provincias de diez mil habitantes. El aire fresco, la vida mesurada y tranquila y los habitantes bondadosos me ayudaron a recobrar el sentido de vivir, pero el mérito principal, por supuesto, fue de Olga. Ella se convirtió en mi doctora, mi amiga, mi apoyo en estos momentos tan difíciles. Solo gracias a ella pude salir de ese pantano n***o donde me arrojó Vetrov. Ella por mi culpa tuvo que dejar su trabajo en la clínica durante cuatro meses y solo me trató a mí. Me hacía levantarme de la cama todos los días, ducharme, vestirme, desayunar, dar un paseo por la ciudad o p

