Victoria. El día tras día se convirtieron en semanas de angustia, que a su vez se juntaron en meses tristes. Parecía, que todo era como siempre, nada había cambiado, excepto que Vavilov estaba sentado en el asiento del conductor de mi auto, que me llevaba de la academia. Últimamente, él estaba inusualmente serio, cortando todas mis bromas de raíz, como si me acusara de haber provocado a Klim a renunciar su puesto y ahora se veía obligado a convertirse en mi niñera y no hacer su trabajo. Pero esto no fue el caso en absoluto. Fue Klim, quien me dejó, aunque yo también entendía, que nuestra relación no conducía a nada bueno. No sé cómo llegamos a estos extremos que estar juntos nos podría llevar a muerte. Entendí eso perfectamente aquella noche. ¿Para qué le provocaba tanto, por qué le hum

